El libro sin percha

on Martes, 17 Julio 2012. Posted in Sobre nuestros libros, Archivo, 2012

El libro sin percha

Gregorio Morán comentaba en su última Sabatina Intempestiva el impacto que tuvo sobre él la lectura de Naufragios, de Akira Yoshimura, y sus vacilaciones a la hora de escribir sobre un libro que (reconocía) le resultaba difícil de abordar, un libro «sin percha» como decía él mismo. Debo reconocer que comparto totalmente las sensaciones, y hasta la vacilación al escribir (pues no lo hice cuando lo publiqué, y bien que me interesaba hacerlo).

La literatura de Yoshimura se ha definido a veces como «documental». Sus libros se basan en un detallado estudio del asunto (a menudo situado en contextos históricos muy precisos, construidos alrededor de hechos históricos reales), en una perfecta recreación en probeta del universo descrito. Hay algo extraño en la belleza literaria de unos libros que en cierto modo casi no son literatura, sino un ejercicio de proyección histórico-antropológica. Y se diría que en Naufragios el autor lleva este enfoque más lejos que en ningún otro de sus libros. Yoshimura describe la vida en la pequeña aldea costera japonesa como podría describir la vida de los pulpos que se aferran a las mismas rocas. La perspectiva ya no es sólo de historiador, o de antropólogo: es la perspectiva de un naturalista. Los hombres y las mujeres de su pequeño mundo literario viven totalmente inmersos en las estaciones, acomodan sus movimientos y prácticas a los movimientos de los demás animales y plantas de su entorno, viven cada minuto de sus vidas como un hacer totalmente entregado a ciclos alimenticios y reproductivos prácticamente indistinguibles de los que dan contenido a la vida de los pulpos (la dimensión simbólica está ahí, seguro que bien trabajada además, pero no es tratada como algo fundamentalmente distinto, ni despierta mayor interés en el narrador). Los humanos pescan a los pulpos con técnicas basadas en el engaño... del mismo modo que ellos mismos son pescados con engaño por el destino. Incluso el agente del engaño es exactamente el mismo: una tela roja...

Los lectores asistimos al despliegue de este pequeño mundo con creciente angustia e irritación, pues en todo momento sabemos lo que los protagonistas no saben, sentimos lo que parecen no sentir, experimentamos reacciones morales a las que ellos parecen inmunes... en cierto modo disponemos de un suplemento de humanidad que a ellos les falta. Pero por otro lado no podemos dejar de reconocernos en ellos, de asumir nuestra total identidad. Somos nosotros, viviendo una vida de algún modo inhumana. Luego me atrevería a decir que la falta de percha no es sólo literaria, o histórica, o antropológica (por pertenecer a la tradición japonesa, a un género difícil de clasificar, por describir un universo histórico y social que nos resulta lejano y poco conocido). Es que hace temblar el suelo más básico sobre el que estamos acostumbrados a erguirnos, con orgullo además. Es que sugiere la pregunta: ¿Y si la distancia que nos separa de los pulpos fuera solo de grado, de nivel de complejidad/especialización en ciertas artes y prácticas, y si no hubiera un repositorio secreto de humanidad, conciencia, comprensión, en fin, algún tipo de cesura o discontinuidad con los pulpos?

¿Y si nos hiciera sentir en los huesos lo que Schaeffer defendía en otro libro de esta editorial: El fin de la excepcionalidad humana?

Ramon Vilà Vernis

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