Manifiesto contra las generaciones

on Viernes, 13 Julio 2012. Posted in Sobre nuestros libros, Archivo, 2012

Manifiesto contra las generaciones

Recuerdo –y estoy seguro de no ser el único que lo recuerda– mis esfuerzos por comprender la sutil pero crucial diferencia entre las generaciones del noventayocho y la modernista y la del veintisiete, que venían todas muy juntas en unas pocas clases de lengua y literatura española. Juan Ramón, Valle-Inclán, Machado… ¿Cómo entender que fueran una cosa y no otra, carne y no pescado (y no digamos ya las más finas elucubraciones, sin duda cocinadas en largas tesis doctorales, que detectaban derivas, alejamientos y acercamientos, toda una geometría variable con sus fechas y títulos clave)? ¿O que para ser del 27 hubiera que figurar en una foto en particular, sonriendo a ser posible (foto que el libro reproducía indefectiblemente, por las dudas)? El profesor de literatura, narrador por vocación, se esforzaba en dar un sentido narrativo al acelerado paso de las generaciones, como si una viniera a responder, o a matizar, o a remachar lo que la otra habría dicho de forma colectiva, en un coro que (uno sospechaba) habría roto cristales de haberse podido escuchar. (*)

A Romina Paula también se la presenta casi siempre embarcada en su generación, de capitana, grumete o lo que sea, pero siempre en ese plan: una autora generacional. (Tal vez sea porque es joven, o porque la generación anterior empieza a ser vieja: las generaciones son como las olas, sólo nos fijamos en las más grandes y bien dibujadas; si además han de ser literarias, hace falta que alguien al menos escriba bien). Aguijoneada seguramente por sus comentaristas y presentadores, Romina se mete en Agosto (y mete a su protagonista, Emilia) en constantes referencias a diversos emblemas generacionales, en un intento aparente de encontrar su espacio en todo ello. Incluso compara con ellos recetas para la felicidad (en un mundo de consumidores, las generaciones se distinguen ante todo por lo que piden): el «café y cigarrillos» con los que se conforma Winona en Reality Bites (noventas), la X o la nada de Generación X (dosmiles), la «noche» que casi le parece suficiente a Emilia en un presunto momento de lucidez (dosmildieces). Pero a diferencia de lo que ocurre en esos convencidos precedentes, resulta bastante claro que el intento de Emilia de encontrar su lugar entre generaciones le da bien poco resultado (igual que ocurre con aquella noche que debía ser su receta ganadora...). Es curioso observar que, así como Emilia no se encuentra para nada allí donde se empeña en buscar, sí tendría bastante que encontrar allí donde no busca, esto es, en las truculentas noticias de prensa que aliñan la novela de vez en cuando (de hecho, no se sabe muy bien quién habla en esos capítulos, tal vez una Emilia omnisciente distinta de la poco sapiente Emilia que protagoniza el relato).

Por mi parte, sospecho que Romina también se encuentra bien poco a sí misma en su generación y más en muchos otros lugares. (Tal vez, probablemente, porque la competición de recetas nihilistas que se adivina en la anterior selección de emblemas generacionales no describe ningún avance –o retroceso, o extravío– sino más bien un darle vueltas a lo mismo desde hace ya bastante tiempo...)

Ramon Vilà Vernis


 (*) La literatura es cosa de solistas, luego no debería darse clase de literatura, concluía uno (muy probablemente, al mismo tiempo que toda su generación...).

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