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TEMA
CENTRAL DEL LIBRO |
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«Una de las obras maestras
de Raymond Queneau, perfectamente comparable con
la que le dio más fama, Zazie en el metro.» Rafael
Conte, El País
En el París de 1895 algunos novelistas buscan
personajes para sus obras. Pero, como todo el mundo sabe –en
especial los autores—, a veces los personajes huyen
del manuscrito en que vivían para ir en busca
de nuevas aventuras. ¿Será que no le gustaban
las suyas?: cuando Ícaro se interesa por el porvenir
de los medios de transporte ¿no obedece acaso
al destino que su nombre le impone? E, incluso ¿no
debería haber previsto su autor que, al bautizar
a su personaje con el nombre de Ícaro, debía
volarle?
El vuelo de Ícaro es
una historia conmovedora, ingeniosa y divertida, además de un artefacto
endiablado. Queneau aprovecha las travesuras de su personaje
para explorar las ambigüedades del lenguaje, exhibir
sus trampas y explotar sus posibilidades poéticas.
Pero lo hace, una vez más, lúdicamente,
es decir, desplegando el singular sentido del humor que
caracteriza su obra y la convierte en algo así como
un correlato literario de los hermanos Marx. Tan disparatado
y lúcido como ellos, Queneau tiene además
la virtud de haber producido una obra de ficción
que alberga tantos niveles de lectura como lectores quepa
imaginar: desde los más jóvenes y tiernos,
como su protagonista, hasta los más maduros y
resabiados, como, posiblemente, su autor.
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Raymond Queneau (1903-1976),
matemático, escritor, colaborador y asesor
literario de la editorial francesa Gallimard, fue
además animador del Colegio de Patafísica
y de Oulipo (Taller de Literatura Potencial), del
que también formaron parte, entre otros,
Georges Perec e Italo Calvino. Entre sus obras
traducidas a nuestra lengua, se cuentan: Ejercicios
de estilo (Cátedra); Siempre somos
demasiado buenos con las mujeres (Seix Barral); Diario íntimo
de Sally Mara (MR); Zazie en el metro (Alfaguara); Las
flores azules (Seix Barral); o El vuelo
de Ícaro (Marbot). |
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